miércoles, 22 de abril de 2009

MANUAL DE INSTRUCCIONES (Tomo I)


INSTRUCCIONES PARA SUBIR UNA ESCALERA


Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se situó un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso. Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie). Llegando en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.


[Julio Cortázar]






{Foto: Colonia, Uruguay - Enero 09}

5 comentarios:

eMiLiA dijo...

Hay días en que necesito que se me diga exactamente qué hacer.
Días en que estoy tan desorientada que creo que he abandonado mi propio cuerpo y me he ido en pos de espacios aéreos donde desplazarme a gusto.
Hay días en que necesito instrucciones, incluso para subir una escalera...

:P

Roci dijo...

Todos tenemos esos dias.
Hablando sobre mi entrada en el blog, es verdad Ismael tiene una forma mas sutil de decir que las despedidas al fin y al cabo estan llenas de mentiras, un beso enorme y un abrazo GIGANTE emi

El león dijo...

si, y en esos días lo mejor es no encontrarse con uno mismo...

este, junto con ''el río'', y algun que otro de esos relatos y micro relatos tan geniales de Julio (los cuales no recuerdo el nombre, por lo menos no a ciencia cierta) están entre mis favoritos.

Vos siempre con estas cosas lindas, es un placer venir por acá.

Un beso grande Emily

Espérame en Siberia dijo...

Jajajaja, sí. Y para esos días de desorientación está Cortázar y sus instrucciones para subir una escalera, para llorar y demás.

Muá.

g. dijo...

Uy, qué bueno, ahora puedo subir las escaleras en vez que me suban en andas... Ahora tengo que trabajar, puff...

Besos, nos vemos por acá