domingo, 17 de mayo de 2009

Hasta siempre don Mario!


La nieta de don Mario sabe que ya es grande para sentarse sobre sus rodillas (grande ella con su posgrado en desconsuelo, grande él con los achaques de la muerte) pero la joven está triste y busca en las palabras del abuelo el pañuelo de rigor.
Él fue quien le dijo que existía para ella alguien que sería la respuesta a la pregunta que nunca había formulado, él le prometió que cuando menos lo esperara la alegría tiraría piedritas en su ventana, él le avisó que en sus tardes plagadas del tedio de oficina, llegaría aquel a quebrar la monotonía sonora de las teclas que calculaban intereses.
Es la esperanza versificada la que la impulsa a entrar en la luminosa habitación. Se acerca en silencio a la silla que mece el sueño de su abuelo y a cada paso se desmigajan los recuerdos (d)escritos. Próxima a quebrar esa pequeña muerte, se pregunta por qué ha creído en cada una de sus palabras, y se sonríe al rememorar aquel verso del anciano: “pero tampoco creas a pie juntillas todo”. - Mea culpa -, susurra y toca el hombro para despertarlo.
- Abuelo, abuelo…
- Mmm… ¿si…?
- Me siento sola, abuelo, y vos una vez me dijiste que la soledad también podía ser una llama. Pero no lo es para mí. No hay llamas, sólo la soledad desolada, la del rostro infame con los ojos cerrados. Abuelo, no he visto ni una llama…
- ¿No has visto la llama? Sabes que a fin de cuentas no importa. Debes aprender a dibujar tu propia soledad. Descríbela para mí.
- ¿Mi soledad? Mi soledad es un grito helado, una mano asida a mi garganta. Mi soledad me quiere dar muerte, yo lo sé. Y me persigue cada noche en los zócalos de mis pesadillas. Es un perseguidor constante, incansable. Temo nunca poder liberarme, abuelo.
El anciano abrió levemente los ojos, la miró un largo instante y sólo pronunció un demudado temblor: - ¿Qué he hecho con vos?, ¿en qué te han convertido mis poemas?
La nieta de don Mario posa entonces su mano en los suaves cabellos de su abuelo, la caricia se prolonga tenue y se derrama dócilmente, casi con parsimoniosa calma hasta convertirse en un mero gesto de perdón.


[Mario Benedetti falleció hoy domingo 17 de mayo en Montevideo a los 88 años]

9 comentarios:

eMiLiA dijo...

Hace un par de meses atrás escribí el texto con el que hoy intento homenajear (humildemente) a uno de los poetas más grandes que ha dado el habla hispana.

Gracias, don Mario por acompañarme, enseñarme, consolarme y darme las palabras necesarias para crecer, creer y amar.

Roci dijo...

Y a mi me hiciste llorar Emi ): Hasta siempre don Mario.
Un beso enorme

Zimbon dijo...

Muy lindas palabras Emi!!!
Triste la noticia...

De todos modos, nos queda toda su poesía, es imposible que se vaya...

Besos!

Espérame en Siberia dijo...

Estoy devastada.
Ahora todos estamos subiendo textos de Mario en modo de homenaje, el tuyo me hizo llorar. Pero yo no le tengo que perdonar nada. Era mi ídolo; yo más bien, de haber tenido la oportunidad de entrevistarlo, le habría agradecido.
Por cada palabra, por Santomé y Avellaneda. Por su soneto kitsch a una mengana (qué no habría dado yo por ser su mengana).
Por recordarme que en la literatura lo importante no es decir poco con mucho, sino mucho con poco.

No sabe qué sola va a quedar mi vida con su muerte.

Un saludo.

g. dijo...

Muy lindo texto, realmente.
Me gustó, esta bastante bien.

Un muy digno homanaje para un poeta.
Sí.

Saludos Emilia.

Angie dijo...

Me ha emocionado muchísimo tu texto, yo también le veía como a un abuelo sabio, entrañable e inquieto.

Un homenaje precioso a uno de los grandes.

Besos tristes

Carla dijo...

Que gran homenaje le has hecho a este fabuloso poeta!

Espérame en Siberia dijo...

Muchas gracias. Sí, le lloraré mucho. Me va a doler inmensamente. Porque para mí esto es un duelo, un golpazo. Pero será cosa de tiempo para levantarme de nuevo.

Te mando un abrazo :)

Gwynette dijo...

Me ha recorrido un escalofrío de los pies a la cebeza, nena...
Cuesta tiempo aprender a mirar a la soledad sin tenerle miedo, la nieta, era aún muy joven. Será eso? :)

Besos para ti