Bienaventurados los que se hartan, porque reconocen sus fronteras.
Bienaventurados los que redundan, porque temen el exilio de la patria que los cobija.
Bienaventurados los que no olvidan, porque los lacera las llama de sus propios errores.
Oh tú, llena eres de la gracia del hartazgo, la redundancia y la memoria.
Feliz de ti porque cargas imperfecciones y pese a ello perseveras en la búsqueda del otro cielo.
“Felices los que eligen, los que aceptan ser elegidos, los hermosos héroes, los hermosos santos, los escapistas perfectos…”
[Cortázar, capítulo 3 de Rayuela]
Amarte es esto
Hace 6 meses

