Quizá tú no me viste,
Si pudiera encontrarte,
Pero bares abiertos y cerrados,
Y cuando el viento quiere destruirse
Yo le repito al viento
"When I feel alive I try to immagine a careless life a scenic world where the sunsets are all breathtaking"





La pasión amorosa es un delirio; pero el delirio no es extraño; todo el mundo habla de él, está ya domesticado. Lo que es enigmático es la pérdida del delirio: (¿se entra en qué?)
En el duelo real, el objeto amado ha dejado de existir. En el duelo amoroso, el objeto no está ni muerto ni distante. Soy yo quien decido que su imagen debe morir. Durante el tiempo de este duelo extraño, me será necesario pues sufrir dos desdichas contrarias: sufrir porque el otro esté presente (sin cesar, a pesar suyo, de herirme) y entristecerme porque esté muerto (tanto, al menos, como lo amaba).
El duelo de la imagen, si lo pierdo, me angustia; pero, si lo logro, me pone triste. Si el exilio de lo Imaginario es la vía necesaria de la "curación" debemos convenir que aquí el progreso es triste.
El ser amado debe entrar en la melancolía de su propia decadencia. Y es preciso, concurrentemente con mi propio duelo, prever y asumir esa melancolía del otro, y yo la sufro, porque lo amo todavía.
Trato de arrancarme a lo Imaginario amoroso: pero lo Imaginario arde por debajo; lo que había sido abandonado resurge; de la tumba mal cerrada retumba bruscamente un largo grito.
[Fragmentos de un discurso amoroso - Roland Barthes]