me miro y no me reconozco.
me miro como nunca antes,
me miro y no soy yo y
también lo soy
porque de nada vale que
me oculte en sus espejos resquebrajados
ni que me vea,
eterna y mudable,
metamorfoseándome en mis innúmeros yoes.
me veo y ya no quiero verme.
cierro los ojos y ya no soy.
los abro.
uno,
dos,
tres,
cuatro,
cinco
segundos,
minutos,
horas,
dias,
años,
después y ahí sigo,
eterna y mudable
hasta el próximo espejo.
.
Cuando compre un espejo para el baño
voy a verme la cara
voy a verme
pues qué otra manera hay decíme
qué otra manera de saber quién soy.
Cada vez que desprenda la cabeza
del fárrago de libros y de hojas
y que la lleve hueca atiborrada
y la deje en reposo allí un momento
la miraré a los ojos con un poco
de ansiedad de curiosidad de miedo
o sólo con cansancio con hastío
con la vieja amistad correspondiente
con la vieja amistad correspondiente
o atenta y seriamente mirarme
como esa extraña vez-mis once años-
y me diré mirá ahí estás
seguro
pensaré no me gusta o pensaré
que esa cara fue la única posible
y me diré esa soy yo ésa es idea
y le sonreiré dándome ánimos.
[Idea Vilariño]



